
Insisto, todas las cosas tienen un lado bueno (en realidad no insisto mucho, porque la gente dice que soy muy negativo y que me quejo. Es falso, es sólo que ver la vida con un toque de humor negro amargoso puede, y de hecho a mí me funciona, resultar bastante divertido).
Por razones que no voy a explicar en este texto, abordé un tren rumbo a la ciudad de Stuttgart. Ni el destino ni el medio de transporte (ni mucho menos que perdí el tren anterior por haber ajustado mal mi despertador) son relevantes en esta historia, pero iba, pues, en ese tren, sentado en un compartimento para 4 personas. Una chica que tal vez llegue a ser guapa un día estaba sentada frente a mí, a su lado una fea, y a mi lado otra más fea que la anterior. Después de viajar 15 min se subió una señora y le dijo a la chica fea (la sentada a mi lado izquierdo): - "Disculpa pero ese es mi lugar. ¿Te puedes cambiar a otro asiento porfavor?".
La chica fea se quitó sus audífonos, asintió con la cabeza y se tornó hacia mi. La chica fea (y estúpida como demostrará este relato) dijo:
"¿Te puedes cambiar a otro asiento? Es que yo pensé que ese lugar en el que estás sentado era el que estaba apartado, pero pues... yo me quería sentar ahí, en tu lugar, el libre".
Yo me volví hacia ella, reparé un par de segundos para procesar lo que me había dicho. Lo pensé dos y hasta tres veces y no pude encontrar lógica alguna en su comentario. Me pareció tan ridículo su argumento, y además tan estúpido, que no pude hacer otra cosa más que reírme en su cara. Sin embargo, agregué algo:
- "¿Cómo? ¿O sea, yo tengo que cambiarme de lugar porque tu asiento estaba reservado para alguien más?".
La chica, que me pareció aún más fea al ver su dentadura cuando abrió la boca para responderme, dijo (a secas):
"Sí".
Me tuve que reír otra vez. Me pareció tan estúpida su lógica que lo tomé con humor y acepté por el sólo hecho de haberme provocado una carcajada a tan temprana hora del día.
- "Sale pues. Me voy." - dije.
La chica que tal vez algún dia sea guapa abrió la boca de asombro. Yo me retiré tambaleándome por el movimiento oscilatorio del tren y por la risa que me provocó la chica fea y tonta.
Después la vi desde lo lejos, sentada en lo que había sido mi lugar hacía unos instantes, inmutada, como si lo que acaba de suceder fuera lo más normal y lógico del mundo (al menos en el suyo). Luego se me ocurrieron otra reacciones que puede haber tenido, o todo lo que pude haberle dicho. Sin embargo, la risa me pareció la mejor de todas ellas.
Moraleja: no siempre que pierdes un tren, 49 Euros y te encuentras con un idiota que te quita de tu lugar injustamente es mala suerte. Se pueden sacar algunas carcajadas.
2 comments:
Asi es mi estimado Piña, a disfrutar hasta de los momentos piñatas de la vida!
my ass... eso ameritaba guerra!!
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