Wednesday, April 02, 2014

con razón

Recién regresé a Alemania de un viaje a México.
Desde que abordé el avión en París rumbo a Düsseldorf me sentí ya de regreso. Gente seria leyendo diarios serios, respondiendo correos electrónicos o revisando su agenda en sus computadoras portátiles, etc. A la salida del aeropuerto miré gente (visitantes) tratando de comprar un boleto para el tren en unas máquinas que tienen el sistema más complicado del mundo de tarifas. "Que dios o alguien los bendiga y los ilumine para realizar semejante tarea".
En el andén alcancé a escuchar a una persona que llamó a alguien por teléfono para avisarle "que llegara 4 ó 5 minutos tarde" porque el tren tiene retraso y "que se tome su tiempo", o sea, 4 ó 5 minutos máximo.
Ya en casa, me topé con un artículo que, porfavor concédaseme esta aseveración, sólo podía haber encontrado en Alemania: "Cuánta irracionalidad necesita/soporta el hombre?".
En él se describe la investigación de profesores y más profesores que intentan definir cuánta irracionalidad se puede permitir el hombre antes de caer en lo tonto.

Me vinieron a la mente vagos recuerdos de mis vacaciones en México; como aquella ocasión en que fui al correo y estaba cerrado, mostrando un letrero que marcaba la hora de regreso del encargado: 15:30h. Cuando volví a las 15:39h, el reloj ya marcaba las 07:00h del dia siguiente.
O aquella otra situación en la que en un restaurante ordené una "Sopa de pollo" y al pregutnarle a la mesera si la sopa contenía "pollo" me dijo que no, que si quería una sopa con pollo, ordenara la "Sopa Especial".
O qué decir de cuando durante el desayuno en una lonchería al pedir un "Joghurt con granola" me lo trajeron sin granola "porque a la mayoría de los clientes no les gustaba con granola".

Sería todo aquello lo suficientemente irracional como para ser tonto?

El artículo cerraba con la declaratoria: "es bueno que haya irracionalidad en la vida, sino sería aburrida y robotizada".

Este texto lo escribo después de haber regresado de una caminata en el parque donde leí 19 letreros con leyendas prohibitivas, entre el que destacaba:
"Prohibido acercarse a la cerca. Mantenga una distancia mínima de 1.1 m".
0.1 m son 10 cm! A mi me parece un letrero tonto. Demasiada racionalidad es tonta.

Wednesday, November 06, 2013

guerra y pasteles

Hace poco leí un artículo sobre 10 cosas típicas de los alemanes, de las cuales coincidí con 8. Sin embargo, agregaría por lo menos otras 10. No todos, pero sí mucha gente, conoce la historia del país germano. Tiene un pasado duro y no ha sido fácil dejar atrás el fantasma de no una, sino dos guerras "mundiales" (cuando el mundo era Europa y Estados Unidos mmhhh... cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia).
Dos cosas típicas de la Alemania son las bombas y los pasteles. En menos de una década que llevo en este país, me ha tocado vivir de cerca por lo menos 5 evacuaciones por alerta de bomba. Y no es cuestión de terrorismo. Es cosa común encontrar una bomba de la época de la segunda guerra mundial enterrada en el jardín o un terreno deshabitado, durante excavaciones para realizar una construcción.
Me imagino las charlas que se llevan a cabo en diferentes hogares de la ciudad.
Rudi: "Lothar, ¿qué haces el fin de semana? ¿vamos a correr un rato?"
Lothar: "Mmmhh pero a partir de las 4, porque a medio día voy a desactivar una bomba de la segunda guerra mundial"
O en la oficina:
"¡Buenos días muchachos! feliz día de desactivación de bomba de la segunda guerra mundial"

Los pasteles. Sí, los pasteles son otra cosa típica de este lugar. Bueno, en realidad no los pasteles en sí, porque en todo el mundo se han de consumir pasteles. Es más el hecho de hornear el pastel lo que es típico. Es muy común llegar a la oficina o lugar de trabajo o simplemente al visitar algún conocido o familiar, y encontrarse con un pastel horneado por la persona misma que lo ofrece, sea el jefe, el empleado, el comandante de la Luftwaffe o quien sea.
Las charlas anteriores se podrían complementar de la siguiente manera:

Rudi: "Lothar, ¿qué haces el fin de semana? ¿vamos a correr un rato?"
Lothar: "Mmmhh pero a partir de las 4, porque por la mañana voy a hornear un pastel y a medio día voy a desactivar una bomba de la segunda guerra mundial"
O en la oficina:
El jefe: "¡Buenos días muchachos! feliz día de desactivación de bomba de la segunda guerra mundial. Traje un pastel que horneé ayer, sírvanse."

Thursday, March 28, 2013

inteligencia artificial


Hace tiempo comenté ya, o mejor dicho, reporté ya la necedad del ciudadano alemán promedio. No los culpo ni los acuso yo, sino todo el mundo jejeje. De algún modo es algo simpático.
Por ejemplo recuerdo aquella empleada de la Deutsche Bahn (ferrocarriles alemanes) que se negó a contestarme cuando le pregunté si mi amiga que tenía que abordar el tren podía tomar el siguiente con el mismo boleto. Me miró con esa cara típica del Tercer Reich y verraqueó: "El tren está a punto de partir. ¡Aborde el tren, ahora!".
Yo: "Pero no me ha contestado mi pregunta... ¿puede mi amig...". Me interrumpió la bestia con su gruñido subido de tono repitiendo la misma cosa. Ante tal situación no le quedó más remedio a mi amiga que abordar el tren y a mi conformarme con haberla saludado 30 segundos. Y todo por la mal programada inteligencia artificial de la empleada. Está bien, me rendí pero no sin antes gritarle en su cara a la necia (en su idioma obviamente para que no hubiera malos entendidos):
"¡¡¡Usted es una estúpida máquina!!!". No me dijo nada y ni se inmutó. Yo creo que para ese mensaje no le programaron en su base de datos respuesta alguna.

O qué décir de aquella otra amiga a la que le cobraron una multa por viajar en tren con un boleto incorrecto, aunque más caro que el que debió comprar. La empleada también le replicó en repetidas ocasiones:
"No me importa si su boleto es más caro, no es el indicado para este trayecto. Tiene que pagar multa."
La amiga se defendía: "Pero es que... mire, le explico... tenga sentido común...".
Nada. Imposible usar la razón con esas máquinas.

Pero he de decir, casi con agrado, que recientemente en México me sucedió algo similar.
Bajé del tren que conecta el D.F. con el Estado de México y que es administrado por una empresa española (a pesar de las reiteradas ofertas de consorcios mexicanos por construir ese trayecto ferroviario). Yo venía del aeropuerto con una maleta de 22 kg y no pretendía subir las escaleras con tal bulto. Me dirigí al ascensor a pesar de la leyenda que se leía en la parte superior de la puerta: "Uso exclusivo para señores de la tercera edad y discapacitados".
No me considero ni anciano ni discapacitado pero si me parece razonable usar el ascensor para subir una maleta de 22 kg.
Súbitamente se apareció un vigilante para impedirme el paso.
"Señor, el ascensor es de uso exclusivo para ancianos y discapacitados. Use las escaleras".
Yo: "Pero, es que traigo una male...."
Vigilante: "No me interesa señor, no puede usar el ascensor"
Yo: "Pero..."
Vigilante: "No"
Yo: "¿No le parece ridículo? La estación está completamente vacía, soy la única persona que se encuentra en el andén"
Vigilante: "No me importa si es ridículo o no"

Antes de empezar a enojarme y argumentarle, en mi idioma, me reí y me acordé de todas aquellas veces que me hicieron lo mismo en el país teutón. Sólo pensé: "Qué alivio saber que también hay idiotas necios en mi país". Pero seguramente lo harán por proteger su empleo, el germano lo hace por placer de ejercer su voluntad.

El colmo de todo esto es que otro día, cuando el tren iba lleno de gente, entre otros, muchas señoras con bultos enormes que venían de hacer sus compras en la ciudad (mercado, ropa, juguetes, veladoras...). Apenas se abrieron las puertas del tren, salieron las señoras corriendo hacia el ascensor. El mismo vigilante también se acercó e intentó bloquearles el paso pero las señoras arrasaron y lo ignoraron. No le quedó más remedio al tipo que hacerse a un lado y resignarse.
Yo observé la escena desde las escaleras, sonreí y me di la vuelta. El que la hace, la paga.
Tal vez en Alemania hubiera venido un comando a sacar a las señoras del ascensor para enviarlas a campos de trabajos forzados. ¿Quién sabe? Tal vez no...

Thursday, September 27, 2012

pinches güeyes

A veces voy a almorzar a un comedor que está del otro lado de la calle del edificio donde trabajo. No me gusta ir porque a la hora de escoger la comida no entiendo los textos manuscritos del menú que cuelga en el mostrador. Luego, cuando me preguntan qué quiero comer se enojan los cocineros porque no les respondo rápido qué quiero comer. Finalmente, como lo mismo de siempre (siempre hay la misma cosa de comer).
Cuando salgo de trabajar y espero el bus para ir a casa, me encuentro a los cocineros que también terminan su jornada.
Los veo salir del comedor y pienso: "Ahí vienen esos güeyes... esos PINCHES güeyes...".
Y ahora que lo pienso, eso de PINCHES les queda ad hoc.

Cruzamos una mirada y nos saludamos. Bueno, ellos me saludan, porque para mi todos ellos se ven igual. Pinches güeyes.

Sunday, September 16, 2012

huevones

Un día domingo por la mañana hace como 10 años me encontré en un supermercado mexicano (lo nombro así a secas para no hacer publicidad gratis) a un señor que fue por sus tortillas, supongo yo, para desayunar. Lo impresionante para el público alemán que me lee ya lo dije: sí, los supermercados están abiertos en domingo. Para el resto del mundo hispanoparlante que me lee, continúo la historia.
El señor, al parecer iba en bata de dormir. No lo podía creer y me acerqué un poco. Sí, el caballero vestía una bata de dormir color café, una pijama a rayas y pantuflas de color café tambien. No recuerdo si llevaba calcetines, pero muy probablemente sí.
Le admiré y con la boca torcida hacia abajo pensé: "¡Qué señor tan cool! relajado, sin problemas se sale a la calle y en el mejor de los casos conduce su auto hasta el súper para comprar sus tortillas en domingo; en peor caso, viene a pie y en el pésimo, en transporte público". Aún "en voz" más baja pensé: "Qué agallas tiene ese tipo".

10 años después, al filo de las 09h34 de la mañana de un Domingo 16 de Septiembre del 2012 y a punto de sentarme a desayunar con mi enamorada (iba a decir "novia" pero chéquense la definición de la Real Academia Española aquí) en algún lugar de Alemania, nos dimos cuenta de que no teníamos leche para beber con el café. Nos miramos a los ojos y me dijo:
"¿Vas por leche a la "tiendita de la esquina"?".
Yo: "¿Yoooo?".
Luego ella reparó un par de segundos y agregó:
"No, mejor voy yo. Tu andas muy cómodo en pijama, bata y pantuflas. Tendrías que cambiarte de ropa...".
Yo: "¡Bah! ¿y eso qué importa?. Me cambio rápido".
Ella: "No, no te cambies, yo voy... o a menos que... vayas así como estás".

En ese momento hice la broma de tomar mis llaves y dinero y salirme del departamento, para luego regresar en breve.

Ella: "Nooo.. no te atreves ¿verdad?"

En seguida me vino a la mente la imagen de aquél épico personaje del supermercado en México. Pensé "en voz" muy baja: "Yo también tengo huevos. Eso de salir en bata a la calle es de GRANDES".

Di la media vuelta y salí sin vacilar del departamento. Bajé las escaleras, salí a la calle. Un tipo en la calle se rio al verme, la chica de la tiendita no paraba de sonreír y contener la risa, a pesar de mi tono extremadamente serio al pedir 2 litros de leche bien fría. La gente que pasaba en sus autos también sonreía al verme.

El café sabe mejor con leche.

La verdad yo creo que la gente se reía mientras pensaba:
"Je je je qué tipo tan iluso, espero no vaya a buscar víveres para el desayuno. ¿Acaso no sabe que los supermercados están cerrados en domingo?"

felicidad pírrica

El capitalismo se basa, entre otras cosas, en la competencia. La sociedad alemana es una Leistungsgesellschaft, como ellos mismos, o mejor dicho, sus críticos la definen. Es decir, una sociedad de competencia, en la que la vida misma es una competencia. Se compite por ser el bebé más bonito, el más pesado, el más feo, el más grande. Luego se compite por ser el mejor en la escuela, obtener el mejor promedio para poder tener acceso a la mejor universidad, para así poder tener la pareja más codiciada, más apuesta, más atractiva, más reconocida en sociedad, para poder tener un salario más alto que el vecino y tener un auto más grande y más rápido. Incluso se compite por ser el menos alemán, por alguna razón en este país entre menos typisch deutsch sea una persona, mejor.
Sin embargo, también se compite por ser el más desgraciado, ser la víctima de más injusticas que el de al lado, ser el más compadecido de todos por tener más enfermedades que todos o tener la peor depresión.
Por ejemplo, hace poco tuve el gusto de presenciar en el metro cómo dos personajes se peleaban por el asiento para discapacitados. Fue así: se abrieron las puertas del metro y un tipo se subió y le pidió a la persona que estaba sentada en el asiento para discapacitados que se levantara puesto que él era discapacitado con aprobración del estado. Desde su asiento el personaje número 2 replicó "¿qué te pasa? si yo también soy discapacitado, ¿quieres ver mi acreditación?". De la boca de ambos emanaba un fuerte aliento alcohólico, como dato.

Esta foto la tomé de un diario alemán de poca circulación. Un artículo en el que informan que "...la gente del norte de Alemania es la más feliz, de acuerdo al estudio "Atlas de la Felicidad 2012", seguidos por la gente de Hamburgo y Düsseldorf...".

No supe si alegrarme por los del norte por ser los más felices de todos o por los de Hamburgo por ser más felices que los de Düsseldorf o sentir pena por los de Hamburgo porque no son "los más felices del país" o por los de Düsseldorf que no son más felices que los Hamburgo. O de plano entristecerme porque al parecer donde yo vivo la gente no es tan feliz como para figurar en esa lista.

¿Se podrá ser feliz sabiendo que se compite por el título de "El más feliz"?

Como dicen en mi tierra: ¿Qué onda?

Tuesday, August 21, 2012

frisbee para solitarios

Dicen que Fred Morrison inventó el Frisbee (el tipo que aparece en la foto). No me consta, pero seguro que lo hizo pensando en que fuera una actividad recreativa en grupo.
A mi me gusta jugar al frisbee pero hacía mucho que no lo practicaba porque no tenía uno ni tenía con quien jugar, además de que el clima aqui casi nunca es propicio para actividades al aire libre.
Pues un día de esos en que sí se podía hacer algo al aire libre fui a un parque con unos amigos. Ahí, tirado en el cesped contemplaba el cielo y los árboles mientras a ratos le daba lectura a una recopilación de los mejores trabajos del filósofo alemán Nietsche (¡ah que bien me cae ese tipo! no lo querían sus contemporáneos porque decía verdades tan secas que ni los alemanes las soportaban... en fin).
De pronto en la cúpula de un árbol vi un objeto color rosa. Interrumpí mi lectura, me levanté y al acercarme me di cuenta de que se trataba de una especie de frisbee... un "Astonishing Flying Ring" para ser exactos.
Después de haber dejado varas, mis zapatos y hasta los de un amigo entre las ramas de los árboles, logré bajar el frisbee rosa, y los zapatos después.
¡Es una cosa increíble! Deberían probarlo. Esa tarde y otras más me divertí mucho con ese objeto volador.
Cuento esto porque el otro día que salí a correr mis 42.5 km de costumbre, pasé por ese mismo parque y vi a un tipo, un pobre tipo, jugando al frisbee solo. Solo, completamente solo. Lanzaba el frisbee y corría hasta donde había aterrizado y lo volvía a lanzar.
"Estos alemanes... prefieren jugar solos que buscarse un amigo" - pensé. Además su frisbee era de los convencionales. Sin embargo, también pense que de haberse tratado de un "Astonishing Flying Ring" hasta yo hubiera jugado solo. Me cae.

Saturday, May 19, 2012

por una @

De mis hermanos, el primero en realizar viajes prolongados fue mi hermano mayor. Llegó un momento en que se había convertido en un ser electrónico, en una dirección de E-mail.
Una vez se enojó porque a su regreso después de muchos años de no verlo (como 1 o 1.5) le pregunté:
Yo: "Ah caray, ¿tu eres hermanodejosue@yahoo.com?".
Hermanodejosue@yahoo.com: "Mmhh... si".
Yo: "A ver ¿dónde está tu arroba?" - al mismo tiempo que lo inspeccionaba.


Friday, May 18, 2012

nada es lo que parece



Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de Ingeniería de Audio, leía sobre el oído. Quise compartir mis elocubraciones en este blog.
La percepción del sonido en el cerebro es un fenómeno muy complejo, casi metafísico. Un aspecto que me llamó la atención fue la aprehensión de la distancia de un fenómeno auditivo. Explico. Para determinar la distancia de un fenómeno acústico, digamos, una persona cantando dentro de una iglesia, el oído emplea básicamente los cambios de volúmen y espectro de frecuencia.
Sin embargo, también juega un papel importante la experiencia y expectativa de la persona. Así, al aire libre, las fuentes de sonido nos parecen mucho mas cerca de lo que en realidad están. A más de 3m este error de percepción se incrementa hasta que por ejemplo, a 10m de distancia, la fuente de sonido parece estar a sólo la mitad de distancia.
El susurrar nos parece mucho más cerca y los gritos más lejos de la distancia real a la que se generan.
La vista corrige en parte este fenómeno. En Audio, se distingue entre "Evento sonoro" y "Evento auditivo". El primero es la generación del sonido en sí, el segundo es el fenómeno auditivo que ocurre en nuestro oído, desde que las ondas sonoras llegan al pabellón auricular y hasta que nuestro cerebro las interpreta.
Análogamente el ojo también ve lo que "cree" que ve, o mejor dicho, ve lo que puede ver, incluso, lo que "quiere" ver. Nunca lo que ES.

Mi conclusión es que es verdad que percibimos la realidad como queremos y no como es. Antes de emitir un juicio hay que tomar en cuenta que nuestros sentidos nos juegan bromas macabras a todo momento.

“Es un visitante a la puerta de mi pabellón auricular
queriendo entrar. Algún onda sonora visitante
que a deshora a mi oído quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Friday, May 04, 2012

hello kitty

Se me acabó la pasta dental y fui a la farmacia a comprar una y de paso un nuevo cepillo dental. Para salir un poco de la rutina escogí un cepillo con cerdas bastante suaves (dicen que es mejor para el aseo bucal) y una pasta para niños con motivo de "Hello Kitty" de color rosa. Además esta de descuento.
Sonreí y esperé no encontrarme a nadie conocido en la caja al momento de pagar. Coloqué mis artículos sobre la banda transportadora de color negro y mirando con disimulo por encima del hombro alcancé a ver una silueta femenina de cabello rubio. ¿Que iba a pensar aquella muchacha de mi pasta de dientes?.
"Kitty" se puso en movimiento acercándose a la cajera. Volví la cabeza y vi a una chica vestida completamente de rosa, incluso el calzado (las famosas "Crocs").
Nos miramos un instante y de inmediato supimos que habíamos hecho una tregua. La siguiente conversación se llevó a cabo telepáticamente en aquel efímero momento:

Yo: "Si tu no me criticas mi pasta de dientes de "Kitty", yo no te critico tu atuendo ridículo rosa chillón".
Ella: "Yo no te critico tu ridícula pasta de "Kitty" y tu no me critiques mi ropa rosa de trabajo".

Creo que era empleada de la Imprenta de enfrente. Se compró un Red Bull.